Sede Pedro Claver Aguirre, Institución Educativa Pascual Correa Flórez
Sede Pedro Claver Aguirre, Institución Educativa Pascual Correa Flórez
Nací en las altas montañas de Amagá, Antioquia. Campesina a mucho honor, amo al campo en todo su esplendor. Vivo agradecida por mi labor en el sector rural. Pienso a diario ser mejor de lo que soy. Me motiva lo simple, lo bello que puedo observar.
Dicen que la belleza está en los ojos de quien la mira, y una sonrisa o algunas palabras positivas me dan aliento. Cada día es una oportunidad de cambiar y prepararme para ser feliz y estar tranquila. Me gusta la lectura, caminar, explorar, compartir con amigos y familia. Me interesa aprovechar al máximo los medios tecnológicos y aprender cosas nuevas. Cuando uno se siente inspirado por algún proyecto, los pensamientos rompen ataduras, nuestra mente supera límites, la conciencia se expande y podemos ver un mundo maravilloso. Uno de mis sueños es tener salud y nunca parar de viajar.
A solo 10 kilómetros de la cabecera municipal de Amagá (Antioquia), en el poblado Minas, está ubicada la escuela Pedro Claver Aguirre. La gran mayoría de los niños de allí provienen de familias mineras, un contexto difícil: la labor subterránea de sus padres se destaca cuando mencionan la dureza de sus condiciones, cómo empujan a brazo por los socavones los vagones cargados de carbón, sustituyendo así a las mulas durante inacabables jornadas, con el peligro de perder la vida o quedar inválidos. También las madres pasan grandes trabajos, pues rebuscan pedazos de carbón en las escombreras (materiales de desecho) y los trocean para introducirlos en costales. Las mujeres en este territorio son poderosas, más de lo que se dice, son capaces de formar familia si así lo desean, y de afrontar la difícil situación social.
A pesar de las dificultades, siempre hay oportunidades. Estar en casa y ocuparse de los mandados era una actividad que les permitía expresarse dentro de su cotidianidad y aprender. Espontáneamente, los niños y las niñas daban a conocer los nombres de los negocios más visitados de su territorio, los nombres de los vendedores más y menos apreciados. Se enteraban de los precios más caros, los más baratos, surgían otras preguntas que respondían con pasión: ¿dónde quedaba la tienda más cercana?, ¿cuál era la más lejana?, ¿por qué los costos superaban los precios cuando los traían de la gran ciudad? Reconocían los precios hasta del artículo de menos valor y los comparaban con otros. Hablaban de negocios, precios, costos, valores, devueltas y más negocios.
Escucharlos hablar con tanta emoción y verlos reconocidos en su autoestima, fortaleciendo su confianza y enseñándome la importancia de tener una buena actitud, fue lo que me inspiró a pensar que la escuela debe ser un lugar de encuentro, un espacio de oportunidades, donde aparezcan ideas entremezcladas que enriquezcan los saberes. Transformando vidas, avivando alegrías en esta nueva experiencia, “Al ritmo de cuentas, cuento”, comenzamos esta maravillosa aventura.
En su más profunda imaginación dibujaron la tienda más cercana y más lejana de donde vivían. Contaron cuadras, calles y lo que allí percibían, mostraron a sus compañeros y comparaciones harían. En un mural, una gran exposición de planos ubicarían. Cada estudiante a la escuela traería empaques de casa de lo que más consumían, a cada uno precios le designarían y comparaciones harían. Su fuente energética, masa y kilogramos medirían para fomentar la alimentación sana que convendría.
Un maravilloso viaje realizarían a la casa de la moneda y la procedencia del dinero conocerían. Monedas elaboraron, calcando con alegría, y personajes de los billetes cada uno reconocería.
Momentos de roles mostrarían: en compradores y vendedores se convertirían, haciendo cuentas que convendrían; luego el bazar divulgarían y un trueque harían. Con esfuerzo recolectaron en cada grado artículos que luego comprarían. Con su autonomía e interés a casa llevarían, haciendo cuentas sobre para qué les alcanzaría, y después sus artículos compartirían y en pleno ritmo más cuentas contarían.
En el bazar comentaron:
—¡Profe!, profe, ¿me alcanza para comprar más?, ¿me sobra más plata? Y con mucha alegría nos sorprendió ver a un niño corriendo por los patios de la escuela llevando en sus manos, como un tesoro, unos hermosos zapatos color rosa que le regalaría a su mejor amiguita, quien no tenía.
Luego se reunían entre ellos y compartían sus juguetes, alegrías y carcajadas. Me llevaron a recordar un bello poema de José Cadalso:
(…) ¿No ves cómo se acercan con música festiva a tus arenas sacras el gusto y la alegría? En torno de ellas vuelan los juegos y las risas (…).
Me dije a mí misma: “¡Te funcionó!, ¡muy bien!”. En ese momento entendí que la escuela sí puede ser el lugar donde el niño logra olvidar aquellas circunstancias sociales difíciles, y que, a pesar de todo, aquí estoy para ellos.
Nos hizo pensar a todos que estos retos sí valían la pena. Son posibles los retos que nos convierten en docentes: vivimos la alegría de hacer la diferencia. Propicié espacios donde los estudiantes se descubrieron como personas creativas, y demostraron vivencias en actitudes generosas. Con esta gran aventura lograron también poner en práctica esos maravillosos conocimientos que dejarán huellas, adquirieron destrezas para conteo, valor numérico, resolvieron situaciones, utilizaron operaciones básicas.
Además, hicieron un buen uso de los billetes: con ellos decidieron comprar artículos que se requerían en casa, fueron solidarios y atendieron necesidades de sus amigos. Todos nos conocíamos lo suficiente como para trabajar juntos, confiamos el uno en el otro para llevar a cabo esta actividad. Con esfuerzo, dedicación y compromiso todo es posible. La vinculación de la comunidad también fue muy importante, pues su interés por los niños les ayudó a crear posiciones positivas frente a la vida.
“Al ritmo de cuentas, cuento” es una estrategia pedagógica no solo para el fortalecimiento de las competencias matemáticas: también es una experiencia personal que despierta el interés del niño y la niña por aprender, que los anima a explorar caminos diferentes y los invita a poner en práctica lo que saben dentro de su cotidianidad. Proyectamos que, en un futuro, el Bazar de la Amistad esté dotado de artículos elaborados por los propios estudiantes, para favorecer su capacidad de generar empresa y brindarles la oportunidad de que usen su inteligencia integralmente.
Si tú eres un enamorado de la docencia y quieres vivirla con mayor pasión, sé flexible, piensa en grandes ideas, emprende, moldea, y asegúrate siempre de hacer la diferencia. Empieza con lo pequeño, pero siempre proyectándote a lo grande. ¡Haz la diferencia! Actúa en vez de soñar. Para la muestra, un botón.