Sede Alfonso Palacio Arango, Institución Educativa Llano Grande
Sede Alfonso Palacio Arango, Institución Educativa Llano Grande
La historia comienza con el canto de mi madre, con el aroma del café en las montañas de Fredonia; por mis venas corre la historia de una tierra pujante, un lugar encantado, que llena de vibraciones todo mi ser. Soy un profe enamorado de la pedagogía, de la vida; me maravillo cada día con la inmensidad de la ruralidad. Habito un lugar sublime, de majestuosos paisajes camino a mi escuela.
Soy legado, familia, hijo, esposo; padre de un hermoso cometa. De niño soñé con ser arquitecto, pero el cosmos me dio la dicha de ser un artista de sueños, que pinta historias en la inmensidad.
Soy pincel que dibuja alegrías, artesano de fantasías.
Era 1995. Desperté en medio de la noche y el cielo rugía con una fuerza descomunal. No tenía recuerdos de una tormenta de tal magnitud. Con miedo, junto a mi mamá y mi hermana, logramos pasar la noche; dormimos poco, pero con la satisfacción de que nada había sucedido.
Al otro día el cielo estaba hermoso; el azul cubría el firmamento, las nubes estaban descansando y en la tarde, mientras caminábamos, escuchamos los sonidos del miedo: se levantó una cortina gigante de polvo que cubría gran parte del cielo, las sirenas y alarmas sonaron a todo pulmón, todo el mundo corría gritando “se vino Combia”; una parte de la montaña se desprendió y fueron miles de toneladas de tierra que cubrieron casas y taparon familias, sueños e ilusiones. Esta vez no fue como dice el himno: “… desde Combia tu cristo vigila de tus plácidas noches la paz…”. El miedo duró meses, años… Ese día la naturaleza quebró el espíritu de los fredonitas. En ese instante no sabía qué pasó o por qué pasó. Caminaba por las calles de la tristeza, de la soledad. Cuando llegué al parque principal me topé con un objeto raro que tenía una regla y agua dentro de ella: un pluviómetro estaba instalado. ¿Qué es eso y para qué sirve?
La docencia me permitió descubrir conocimientos nuevos, intereses y amigos que tienen un picante de locura por enseñar, como yo. Retomé el camino de la lluvia, el sendero de la nube.
Aprendí de ese evento de la niñez que los factores sociales, agrícolas y económicos juegan un papel importante. Todo pasa por una razón, y aún más cuando transformamos la naturaleza. Así lo entendí y la meta era que mis estudiantes también lo comprendieran.
Por lo anterior me surgió la idea que fui moldeando con el tiempo y que puse en práctica. En Puente Iglesias, en la sede Alfonso Palacio Arango, de la IE Llano Grande, instalé un pluviómetro junto a los salones. Luego instalé otro en la vereda El Plan, donde vivo, para comparar datos e información, midiendo la cantidad de agua que caía en veinticuatro horas. Comenzamos a registrar la información y a analizar la relación de los datos con lo que pasaba en ambas veredas.
Ahora la tarea era volver a mirar el firmamento como lo hicieron nuestros ancestros, nuestros abuelos, volver a observar los ecosistemas y los animales, porque ellos comprenden los cambios en el clima, porque, como dice el dicho, pajaritos en banda, las tardes son de agua.
Al principio, con los estudiantes solo fue medición y registro. Algunas veces hacíamos análisis de información, tabulación y demás actividades que estaban dentro de lo que se debía enseñar. Con el tiempo fueron surgiendo otras preguntas, otras ideas locas en torno al agua, a la lluvia. Y ese es el picantico de la docencia, lo que hace la diferencia. Tener ideas salidas del cofre, de lo mágico, en beneficio de los estudiantes… Ideas para ser más felices.
Comenzamos a pintar, dibujar la naturaleza, las nubes, el cielo, el firmamento. En cada trazo comprendíamos el papel tan importante que juega cada ser dentro de un ambiente, la relación de la temperatura con la sombra de los árboles, los tipos de plantas y especies de animales. La importancia de las quebradas y los ríos… Aprendimos mediante la experimentación que el agua dulce se evapora más rápido que la salada, miramos los ciclos del agua, la formación de la lluvia, la erosión, cómo los animales nos indican si un ecosistema está sano. Analizamos la luna y las estrellas, y entendimos la relación del universo con la cosecha, cómo las plantas disfrutan en mucha o poca medida del agua.
En otros momentos jugamos a los corresponsales del clima. Con la ayuda de celulares y micrófonos los estudiantes reportaban los registros obtenidos en el día y en el mes. Notamos que así era más divertido aprender, disfrutaban más la clase. Todo articulado e integrado a un interés, a un tema tan importante y trascendental como lo es el lenguaje de las nubes, como lo es apreciar, valorar y cuidar la naturaleza. Aprendizajes inmersos dentro de lo que una institución debe enseñar.
Desde entonces la información es compartida por las redes, con el fin de educar y formar a las personas del pueblo sobre los fenómenos climáticos de la región. También comunicamos al grupo de piragüeros del municipio (grupo de gestión del riesgo de Fredonia), con el cual activamos alertas tempranas y, en caso de emergencias, las autoridades activan los protocolos; es un canal de información muy interesante, al que le falta más interés comunitario.
La experiencia ha sido muy bonita, gratificante, y aún más con niños y niñas tan pequeños metidos en el cuento. No solo están motivados, se la creen y lo disfrutan (cosa que pensé sería difícil por la edad de ellos). Pero, como dicen por ahí, el que no arriesga un huevo no saca una gallina, y me les quito el sombrero, pues, gracias a ese entusiasmo, a esas ganas por aprender, hoy estoy acá, compartiendo mi experiencia, con la intención de que más personas conozcan del trabajo tan bonito que han venido realizando, de que aprendan a mirar las nubes y el cielo, y a medir las lluvias, para comprender el territorio y saber cómo aplicar mejores prácticas agrícolas y, así, tener una convivencia más armónica con la naturaleza.
Nada en la vida es fácil, o regalado; toca luchar, persistir, siempre al mal tiempo buena cara, disfrutar lo que hacemos. Comprender que somos seres pequeños ante la inmensidad de este mágico planeta, y que nuestras acciones tienen un impacto profundo en las vidas de todos los seres.
Debemos cambiar la mentalidad, moldear nuestra conducta, y esto solo es posible si otros profesores inyectan el interés por nuestra casa, nuestro hogar. Siempre con la frente en alto, con ganas de hacer las cosas mejor, sin miedo. La tierra nos llama, nos necesita, requiere un impulso alegre, divertido, consciente. Suplica por un cambio educativo que comienza contigo. Atrévete a ser diferente. Atrévete a ser feliz.