Sede Epifanio Mejía, Centro Educativo Rural El Concilio
Sede Epifanio Mejía, Centro Educativo Rural El Concilio
Nací en Villeta, Cundinamarca, tierra donde la miel de caña se transforma en panela. Soy la hija mayor de una familia que me enseñó a luchar por lo que anhelo y de quienes aprendí a ser perseverante y guerrera.
A Dios agradezco por las habilidades y destrezas que poseo. Docente por vocación y amor por mi carrera. Desde niña imaginaba un aula de clases llena de colores y rodeada de niños que pronunciaban mi nombre, a quienes aportaba un sinnúmero de conocimientos significativos y útiles para sus vidas.
Hoy, mis hijos y mi esposo son la inspiración para ver a cada estudiante como una semilla a la cual riego con cariño y respeto; como los rayos del sol inyecto vitaminas con cada conocimiento y como el agua que corre por sus ramas los motivo a cumplir sus sueños.
“La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza,
sino de corazón a corazón”.
Howard G. Hendricks
Señoras y señores, comunidad en general, presten atención a la historia que les voy a contar.
El 22 de julio del año 2017, la docente Diana Mora al departamento de Antioquia se fue a trabajar.
Acostumbrada al ruido y al cemento de la gran capital, toma la decisión de del campo parte formar.
A la mañana siguiente, viajando hacia la vereda Montebello del municipio de Salgar, el transporte público debió tomar, vehículo algo singular, lleno de colores, estructura de madera, con entrada a cada banca, donde se pudo sentar, y, embargada por la ansiedad, a lo desconocido se fue a enfrentar.
Con sus ventanas abiertas pudo apreciar, y la belleza de paisajes naturales empezó a mirar; dejando la cabecera municipal y tomando carreteras destapadas, el conductor empezó a rodar.
Al borde de los caminos, los cultivos ella pudo observar; un árbol llamó su atención: el color verde de sus hojas fusionado con el blanco de las flores y los colores verde, amarillo y rojo de los frutos, una experiencia de tranquilidad y paz pudo apreciar; extasiada de tal belleza otro sentido se avivó, su olfato se embriagó de un aroma que rápidamente su corazón conquistó.
Con el sonido de la corneta, la chiva su paso anunciando estaba; y entre surcos fueron apareciendo los niños de edades varias, que saludan a la mañana con una sonrisa singular, y detenían a aquel transporte que a la escuela los terminaba de llevar.
Al borde de la carretera se divisaba una escuela; “hemos llegado”, el conductor a la maestra le expresó. Los niños empezaron a murmurar, “esa es la nueva maestra, ¿de dónde será?”. Ingresaron todos juntos, la presentación de cada uno ocurrió, y entre pautas de convivencia y reflexión, lazos de cariño y amistad, en la sede Epifanio Mejía una gran familia se pudo conformar.
Al conocer su comunidad, historia, necesidades y al apropiarse del modelo escuela nueva, una nueva mirada de su práctica pedagógica la motivó a soñar: quiso aprovechar la riqueza del producto autóctono de la región y, con sus habilidades, destrezas fusionar, para a aquellos niños motivar a encontrar otras maneras del café disfrutar.
En el año 2018, la asamblea se reunió; la secretaria a dar lectura a la agenda acudió; con permiso del presidente, la docente manifestó: “En la sede educativa, un proyecto pedagógico productivo (PPP) debemos plantear; conocimientos en culinaria y manualidades puedo yo aportar”.
Planteada la propuesta, al escuchar las ideas de los niños se extasiaba, y ellos, desde su imaginación y creatividad, el proyecto engendraban. Muchas propuestas viables y otras con respeto descartadas; hasta que una voz planteó animada: “Mi abuela la receta de una crema exfoliante a mi madre le enseñó; profesora, esa la puedo preparar yo”. El toque mágico que faltaba, los padres de familia al proceso se vinculaban.
La docente determinó que el primer paso de recolectar información se trataba. “Realizaremos textos instructivos; vamos, su intención les explico”. Entre conocer la historia, las propiedades y texturas del café, entre medidas de peso, billetes didácticos, suma, resta, multiplicación, división, aflorando habilidades y destrezas que cada uno poseía nuestro proyecto crecía.
Para el 2019, la Alianza ERA llegaría y la perspectiva otra sería. Con camisetas azules y una maleta, cargada de buena energía y de conocimiento repleta, las actividades de conjunto ellos enseñaron con destreza. Con los comités de trabajo, ¡qué buena estrategia!, más organizados los niños empezaron; formaron seis grupos con participantes de cada grado y cada uno con un producto escogido de su agrado: cremas exfoliantes, tortas, postres, velas aromatizantes, dulces de blanqueado y lociones se reunieron alrededor del aroma y del sabor a café tan apreciado.
“Qué bonita estrategia, perdurable en el tiempo”, pensó la maestra, “sirven para potenciar la creatividad, la imaginación y el trabajo en equipo, qué grandes principios los que nos presentan”.
Pasaron los días, y con diferentes recetas en mano la diversión llegó, y entre el ensayo y el error, la primera muestra se dio. Del postre y la torta todos sí que disfrutaron, y otros sorprendidos con los procesos quedaron.
—Oigan, presten atención —una madre replicó—, cómo hacer la crema exfoliante les diré hoy.
Si una piel suave y tersa quieres tener, esta crema debes aprender a hacer. Los oídos del Comité Departamental de Cafeteros este proceso escucharon, y, después de varias puestas en escena, en noviembre del 2019 dos representantes de la sede a Venecia visitaron. De la mano del programa Semillas del Futuro, con orgullo en la primera Feria de la Ciencia y el Café, del ámbito departamental, a Salgar representaron.
Poco después otra invitación llegaba: “Nos gustaría contar con su participación en la primera Feria del Libro y el Café”. Vea pues usted, los niños emocionados, rápido aprobaron y para el 29 de octubre del 2021 sus productos alistaron.
El 21 de mayo del 2022, en la Feria de la Creatividad, el Emprendimiento y la Innovación la sede participó, y, entre ventas y muestras artísticas, la comunidad educativa Epifanio Mejía el parque se tomó.
En noviembre del 2022, una pequeña muestra la maestra presentó y frente al Microcentro Municipal su experiencia narró; enamorada del proceso a todos sus compañeros invitó a formar parte de los procesos, que viables sí son.
Actualmente el proyecto vivo está. Los niños animados año tras año van, pues de las actividades logran disfrutar. Poco a poco aquellos granos de café se ven florecer. Los padres, en el seno de la familia, los ponen en el germinador, y como un almácigo la docente los cuida con cariño y amor.
Con el paso del tiempo se puede ver aquel grano que por la fuerza del viento se puede caer; de la sede se marchó, pero el néctar de lo aprendido nunca se olvidó. Allí surgen las primeras hojas y ramas entre conocimientos, valores, juegos y charlas, y, convencida de que su trascendencia positiva sí se quedó, una semilla en cada niño la docente sembró.