Alianza ERA

Educación Rural para Antioquia

Presentación de resultados de la medición de impacto

La Alianza ERA presentó los resultados de su medición de impacto, un ejercicio liderado por organizaciones como el CEPE (Colombia Evidencia Potencial en Educación) y el CRECE (Centro de Estudios Regionales Cafeteros y Empresariales). La jornada no solo fue una exposición de cifras, sino un relato de cómo una implementación gradual está culminando en trayectorias de vida exitosas para muchos niños y niñas en el campo.

La secretaria de educación de Antioquia, Mónica Ospina Londoño, enfatizó en la complejidad de los retos educativos del Departamento. Para la Secretaria, las alianzas público-privadas son herramientas indispensables para movilizar el sistema y asegurar que las estrategias lleguen con pertinencia a la ruralidad, respaldando así la reciente Política Pública de Educación Rural.

Juliana Velásquez, presidenta de Proantioquia, abrió la jornada destacando el poder del trabajo conjunto entre fundaciones y organizaciones. Su intervención subrayó que el éxito de la Alianza ERA radica en la capacidad de sumar recursos y propósitos para alcanzar hitos que ninguna entidad podría lograr en solitario.

Vanessa Escobar, directora de educación de la Fundación Secretos para contar, explicó cómo la Alianza nació inspirada en el modelo de Escuela Nueva del Comité de Cafeteros de Caldas, para transformarse en una metodología de Educación Rural Activa que hoy promueve trayectorias completas: desde el preescolar hasta la educación superior con el programa «La U en el campo». Destacó que el reto actual es mantener la calidad pedagógica mientras se trabaja mano a mano con comunidades y universidades para ofrecer programas acordes a la vocación del territorio.

Olga Lucía Romero, directora del laboratorio de evidencia, en voz de Colombia Evidencia Potencial en Educación (CEPE), presentó el marco conceptual de la medición. Su apuesta es clara: cuando las decisiones educativas se toman con información pertinente y conocimiento del territorio, es posible mejorar las trayectorias de vida de los niños. Olga Lucía, detalló cómo el CEPE promueve el uso de evidencia para priorizar acciones y ajustar intervenciones en el sistema educativo público, asegurando que cada peso invertido tenga un impacto real.

Catalina Zárate, directora de investigaciones del CRECE (organización con 40 años de trayectoria en investigación rural), presentó el rigor técnico de la evaluación de impacto. Este análisis procesó y trianguló información cuantitativa y cualitativa a través de encuestas a estudiantes de todos los niveles y ejercicios cualitativos con la comunidad.

Zárate, explicó que la contribución de la Alianza se consolida a través de cuatro etapas estratégicas que permiten al estudiante avanzar con seguridad: desde la transformación institucional inicial, pasando por los Proyectos Pedagógicos Productivos (PPP) y el acceso a La U en el Campo, hasta culminar en una ruta laboral y empresarial sólida. Esta maduración del modelo se refleja en resultados tangibles: jóvenes con competencias ciudadanas para la vida, actitudes emprendedoras y un profundo arraigo al territorio.

La evaluación permitió observar con datos las hipótesis fundamentales que definen la Educación Rural Activa. En las sedes donde interviene la Alianza, la deserción se reduce; seis de cada diez estudiantes llegan a la básica secundaria, frente a solo cuatro en sedes sin el programa. Además, en las sedes con mayor madurez del modelo, los estudiantes obtienen hasta 8 puntos adicionales en las Pruebas Saber 11.

Otro hallazgo, es el cambio de rol del estudiante, quien deja de ser un receptor pasivo para convertirse en un participante activo y corresponsable de su aprendizaje. Este logro, en gran medida, se debe a las «actividades de conjunto» y al fortalecimiento del Gobierno Estudiantil, donde el joven asume liderazgos, ejerce rol de maestro y toma decisiones reales en el aula.

Mostró que los proyectos productivos no solo elevan las competencias ambientales desde la primaria, sino que dotan al joven de herramientas para crear su propio proyecto de vida, permitiéndole ver el campo como un espacio de oportunidad profesional sin abandonar su comunidad.

En conclusión, la medición sugiere que la motivación escolar en las sedes con la Alianza ERA es sistemáticamente superior, conectando el interés de los estudiantes con un futuro productivo y sostenible en el campo antioqueño.

El evento cerró exitosamente al presentar las historias de quienes viven este cambio día a día. Ana María Ramírez, docente de Concordia compartió cómo la pedagogía activa ha renovado su vocación, mientras que dos egresadas del municipio de Andes, Claudia e Isabel, demostraron que el modelo funciona. Claudia Ruiz, ya lidera su propio emprendimiento de café y María Isabel Álvarez, cuenta con cultivos de banano, café y plátano, aplicando los conocimientos técnicos y empresariales adquiridos en la Ruta de la Alianza ERA.

 
Con 839 establecimientos educativos acompañados y 34.736 estudiantes asesorados, la Alianza ERA reafirma que cuando las decisiones se toman con información pertinente y conocimiento del territorio, es posible movilizar los indicadores y la comunidad rural.